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Clemente Álvarez Usategui: primer observador español que inaugura el Spain Club 400
En esta nueva sección de Reservoir Birds incluimos un texto en el que nuestro compañero Clemente
Álvarez comenta algunas anécdotas tras los muchos años que le han supuesto llegar a la mágica cifra de
400 especies encontradas en territorio español. Como esperamos que en un plazo no demasiado lejano haya más
observadores que lleguen a esta cifra (ver la tabla relativa a España), esperamos poder adjuntar en un futuro cercano más páginas donde los nuevos integrantes del Spain Club 400 también nos relaten los momentos de más trascendencia y anécdotas de interés.
El lunes 24 de abril de 2006, a las once menos cuarto de la mañana, junto con Manolo Suárez,
coordinador de anillamiento del GOB (Grup Balear d´Ornitologia i Defensa de la Naturalesa),
observé un ejemplar de Phylloscopus sibilatrix que revoloteaba en un almendro de un precioso
campo de secano al noreste de la isla de Mallorca, en el Parque Natural de la Península de Llevant. Al poco
tiempo una hembra de Sylvia atricapilla apareció en escena y desplazó al mosquitero migrante, finalizando
así la observación de este precioso insectívoro.
El evento no tendría mucho más que contar que el placer de una buena observación en mejor compañía, pero para
mí esta especie, Phylloscopus sibilatrix, constituía la número 400 en mi lista de especies de aves
observadas en España; suma de observaciones o escuchas que hasta ese momento, parece ser, nadie había conseguido
anteriormente.
Para ello fueron necesarios casi 39 años de observaciones, 500.000 km en viajes (evidentemente no todos
ornitológicos), contactos, etc, hasta ir reuniendo poco a poco este listado que pocas horas después, durante
la tarde, y desde el extremo suroeste de la isla de Mallorca, en Cap Blanc, rebasaría al observar un ejemplar
de Sylvia balearica, endemismo balear que tampoco nunca antes había contemplado.
Con este periplo cerraba un ciclo en el que había recorrido todas y cada una de las provincias españolas,
incluyendo también visitas a Ceuta y Melilla.
Sin embargo, ni en mis previsiones más optimistas estaba la idea de conseguir esta cifra simbólica de 400
especies en el año 2006. Pero sin duda el año anterior, el 2005, con numerosos huracanes sobre el atlántico
americano, propició una llegada de aves neárticas divagantes inusual en otros años y que aceleró notablemente
el proceso de suma de especies en mi listado. Así sólo en el periodo interanual previo a la observación “400”
arriba mencionada, pude contabilizar el registro de 19 especies de aves que nunca antes había observado en
España (ver tabla), y aquí se nota el empuje del atípico otoño de 2005, donde en sólo dos meses clave para
la migración (octubre y noviembre) pude observar un total de 9 especies, 5 de ellas neárticas.
Después de todo este trayecto surge incuestionablemente una pregunta: ¿dónde está el límite? ¿cuántas especies
puede observar una misma persona en España a lo largo de toda su vida?. Bien, si miramos el número total de
especies de aves que constituyen el listado español hoy en día, este nos lleva a las 504 especies, si bien
muchas de ellas no han tenido más que un registro, siendo algunas de dificultad extrema, por lo que en principio
todo es posible, pero siendo realista, lo más razonable es que llegadas las 420 - 425 especies de aves observadas
en España y las 400 - 405 en la Península, sea muy difícil avanzar sobre ese listado. Sin embargo, igual que fue
una sorpresa llegar a esta cifra durante este año (sin duda influenciado por la llegada inusual de neárticas
al norte ibérico), hay aún posibilidades a explorar, como algunas especies canarias de fácil observación
que aún no he registrado o una mayor prospeccion de zonas que pueden dar mucho juego, como el sur
Peninsular o las localidades de Ceuta y Melilla. Sin ir más lejos, durante el año 2005, se me han
“escapado” ¡nada menos que 10 especies! que fueron registradas en esa época en territorio asturiano y que
me fue imposible observar, a pesar de intentarlo en la mayoría de ellas. Asimismo si vemos alguno de los
últimos informes del comité de rarezas español en la revista Ardeola, en sólo un año salen ¡treinta y pico especies que yo no he visto nunca en España! así que
todo es posible, no todo predecible, y sólo el futuro podrá decirnos donde está el límite.
Sin duda también a muchas personas, llegado este momento, les surgen algunas preguntas de cual ha sido la
especie más difícil, la que más me ha gustado observar, la que increiblemente no había sido observada hasta
entonces, etc.
Contaré brevemente algunas anécdotas sobre todo esto, para no aburrir demasiado.
Para empezar, no cabe duda, que independientemente del interés, la belleza, la particularidad o la importancia
de cada especie nueva que observamos, no hay nada que iguale la sensación de descubrir por uno mismo una especie
que hasta ahora no habíamos observado nunca (dígase lifer, bimbo, boroña...) sin que nadie nos haya indicado
previamente que estaba allí: esto tiene algo de sorpresa, de descubrimiento, de “regalo” (el “finding”). Por
eso recuerdo con mucha ilusión, por ejemplo, dos observaciones como fueron el Phylloscopus inornatus que
localicé en Mieres, al lado de mi casa el 4.12.2000 mientras paseaba mi perra al lado del río Caudal (y que
pudo ser observado después por varias personas durante cuatro días) y el Phalaropus tricolor que
observamos simultáneamente al abrir la ventana del observatorio de Zeluán en la Ría de Avilés, Elías García,
César Alvarez y yo mismo, el 10.09.2002 y que nos dio una sorpresa tremenda.
Y dentro de las 19 especies observadas en la recta final de este periodo interanual previo a la especie 400,
determinados momentos de algunas observaciones han sido realmente memorables, bien por un motivo u otro. Así,
recuerdo especialmente la llamada nerviosa de Pablo Fernández, indicándome que había levantado nada menos que
un “first for Spain” en su zona de pajareo habitual, el Anthus godlewskii. O la intensa emoción de
Manuel Quintana cuando capturó el Phylloscopus schwarzi en las proximidades del Cabu Peñes. O también
la interesante observación del Bartramia longicauda que descubrió Adolfo Villaverde en la rasa costera
occidental, y que pude observar en buena compañía a la vuelta del V Congreso Cantábrico de Ornitología. Y también
la Larus atricilla localizada por Daniel López Velasco en Tresona, primera cita asturiana de esta
especie que los asturianos habíamos buscado durante años y que pude observar, por fin, después de un infructuoso
viaje a Galicia en busca de otro ejemplar registrado en días anteriores. Todas estas citas fueron premios a la
constancia para todos estos persistentes ornitólogos. Algunas observaciones fueron también “in extremis” como
la del Chaetura pelagica de Estaca de Vares, cuando el tiempo decidía el poder llegar a ver esta especie
o no y en el coche de Xurxo Pinheiro de camino a la zona de observación, ¡me preocupaba bastante más que
levantara el pie del acelerador, que el ver el divagante vencejo de chimenea!
Otras veces las observaciones, a pesar de lo aparentemente fácil, fueron duras por las circunstancias en que
se vieron envueltas, así el aparentemente plácido viaje al sur en junio de 2005 en busca del Apus affinis,
el Hippolais opaca y el Cercotrichas galactotes, se vio complicado por una bronquitis aguda que
había incubado eficazmente por la Cordillera Cantábrica en días previos, andando detrás de lobos y
Dryocopus martius, y que para más “inri” coincidió con una tremenda ola de calor. Otras veces el mareo a
bordo del catamarán que usa la COA en sus salidas al Mar Cantábrico, fue mayor de lo habitual, como el día que
observé el Fulmarus glacialis, quizás por el trasnoche del día anterior, en compañía de un invitado de
excepción: David Bigas.
También fue para recordar la observación de la Vanellus gregarius de Lleida, donde al ser día festivo,
la zona habitual de observación estaba llena de gente y me costó lo suyo dar con ella al tener que buscarla en
los sembrados externos. Luego a la tarde observé a Albert Cama desde lejos, intentando infructuosamente
localizarla. Le llamé por el teléfono móvil, para darle la sorpresa de que había ido de viaje hasta allí y que
estaba justo detrás de él y luego continuamos en el bar del pueblo hasta bien entrada la tarde. Otra observación
curiosa fue la de los Leiothrix lutea de Colserolla, en Barcelona donde después de un agradable almuerzo
con Rafa Armada, pude observar esta especie introducida y que recordaba entrañablemente de un puzzle que tenía
cuando era crío.
Como la especie más común y fácil de observar, y más tarde observada, está el Asio otus, en el Azud del
Río Lobos, junto a Miguel Rouco, Alfonso Rodrigo y José Antonio García. Y sin duda la especie más mágica e
impresionante de ver y oir haya sido el Tetrao urogallus cantabricus, que observé por primera vez en la
primavera de 1988 en compañía del “Pinón”, José Luis Alonso Orrasco, peculiar compañero de innumerables
excursiones y andanzas montañeras.
La especie 300 fue el Dendrocopos leucotos (una especie a la que le tenía muchísimas ganas) y la
350 el Oceanodroma leucorhoa y como decía antes la 400 fue el Phylloscopus sibilatrix.
También esta la cuestión de cual ha sido el método, “el truco” para llegar hasta aquí. Creo que ahí hay un
conjunto de factores, como son el haber nacido en un entorno natural impresionante como es Asturies, y donde la
diversidad y la facilidad para observar aves espectaculares, incluidas rarezas, es mucho mayor que en otras zonas
españolas. También el estar en contacto con la naturaleza desde bien pequeño y con personas relacionadas con
ella (personalmente no recuerdo ni cuando fue la primera vez que vi una red para anillamiento científico de
aves, ni cuando fue la primera ocasión que tomé unos prismáticos con las manos, debió de ser de muy pequeño...) y
aquí debo de hacer mención de varias personas, sin cuya existencia no estaría ahora escribiendo esta crónica: por
un lado mi padre, Sindulfo Alvarez Alvarez, quién desde la más tierna infancia me inculcó el amor por la
naturaleza; también mi tío, ya fallecido, José Gómez-Tejedor Cánovas, quién a través del anillamiento científico
de aves, me inoculó esta pasión por las aves (aún le recuerdo, cuando yo era un crío, con un Phylloscopus
en la mano y con la otra hojeando la lámina de los mosquiteros de la Peterson, ¡me parecía increíble que
pudiera diferenciar unos de otros, cuando para mí todos parecían iguales en la guía de aves!), y como no mi
hermano, Luis Aurelio Alvarez Usategui, con quién he recorrido tantos montes y bosques asturianos y que resultó
clave en mi formación, al hacerse anillador en su juventud y guiarme adecuadamente en todo momento. Y este es el
momento de agradecer a la asociación, preludio de la COA, el grupo de ornitología Aythya de ANA (Asociación
Asturiana de Amigos de la Naturaleza), el habernos igualmente prestado formación, información y contacto con
ornitólogos expertos cuando más lo necesitábamos.
Pero de nada sirve todo eso si no le damos continuidad y constancia, dos factores que creo son claves a la
hora de intentar obtener un buen listado de aves, sean cuales sean las circunstancias o la localidad donde
queramos conseguirlo, nunca dar una observación por perdida, estar bien conectado, intentar contactar con los
observadores de la zona que se trate rápido y bien y muy importante, acudir a realizar la observación en
cuestión a la mayor brevedad posible, pues efectivamente ¡las aves tienen alas! y casi nunca se sabe cuando
van a desaparecer.
Es también interesante mencionar que, desde mi punto de vista, este listado ha sido realizado digamos en
dos “épocas”: una primera donde no existían ni los telescopios, ni los prismáticos de calidad, ni las guías
de aves avanzadas, ni los ordenadores, ni internet, ni la telefonía móvil (¡algunos ni teníamos teléfono
fijo!), ni la red viaria, ni las posibilidades económicas de viajar que hay ahora y donde para enterarse de
lo que estaban viendo en otras zonas era preciso esperar a la publicación de la revista Ardeola. Y otra segunda
época, donde no solamente ha surgido todo esto que no había antes, sino que el número de ornitólogos se ha
multiplicado de manera espectacular, y aún sigue avanzando. Todo ello es muy importante y está dando resultados,
no sólo en los registros de nuevas especies de aves para España, sino lo que es más importante, en una conciencia
de conservación de la avifauna nunca antes imaginada y que está dando frutos en muchos sitios y que hoy más que
nunca es necesaria, dada la gran cantidad de amenazas que planean sobre la naturaleza española.
Eso fue algo que tuve claro desde un principio, la observación por si sola de aves era algo que no me
llenaba completamente, y así, siempre que pude participé activamente y hasta donde pude o supe en la conservación
de la avifauna, de uno u otro modo. Creo que es necesaria una implicación en la conservación de la avifauna por
parte de todos los observadores de aves y no dedicarse exclusivamente a la contemplación de ellas, algo en lo que
desafortunadamente vemos que están fallando algunos de los ornitólogos más jóvenes y prometedores de este país.
Pero nada de ello hubiera sido posible sin la ayuda de muchas personas que colaboraron de manera activa y
desinteresada, facilitándome información rápida y actualizada y disponiendo en minutos, de localizaciones
precisas, información instantánea de si tal o cual especie continuaba en determinada zona o no, etc. Es más,
llama la atención, que salvo el mencionado Phylloscopus sibilatrix y el Fulmarus glacialis, todas
las demás especies nuevas observadas en este último periodo interanual, han sido observadas previa localización
y observación por otras personas (twitching), a las que debo de agradecer la valiosa información que me condujo a
ellas. Quiero agradecer, así, a los miembros de la COA (Coordinadora Ornitolóxica d´Asturies) que siempre me
avisaron con rapidez inmediata de la presencia de especies que nunca antes había observado, facilitándome así
la localización de estas aves, en especial al equipo “boroñador” asturiano que tuve el privilegio de dirigir y
que compitió y resultó ganador en la recopilación de observaciones de rarezas en España en el año 2005
coordinado por el genial Ricard Gutiérrez (ver Rarebirds in Spain).
Igualmente hago extensivo este agradecimiento a todas aquellas personas que en esa línea me ayudaron a
conseguir este objetivo y que a lo largo de toda la geografía nacional, siempre fueron amables, atentos y muy
eficaces en el envío de información para observar nuevas especies. Ellos saben quienes son (la lista sería
demasiado larga de mencionar aquí) y a ellos quiero dedicar esta efeméride. Y cómo no, a los compañeros
de Reservoir Birds, con quienes he tenido el gusto y la suerte de compartir un proyecto pionero
en España, sobre los listados personales de observaciones de aves, y a los que debo de agradecer su paciencia,
dedicación, esmero y profundo conocimiento de la ornitología.
Clemente Alvarez Usategui 18 de mayo de 2006
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